Son las 10.30h de la mañana. El bar a esa hora está repleto de gente desayunando. Llama la atención la figura de un hombre que bebe alcohol y que es evidente que ha estado bebiendo antes incluso de entrar en el local, quizá toda la noche. El anterior había sido su día libre. Se va y sube a su taxi. Otra clienta no da crédito a lo que ve y decide llamar a la Guardia Urbana de Barcelona. Es una vecina que vive cerca del bar Bacus, situado en la esquina de la calle Viladomat con París.
La mujer da los datos del vehículo amarillo y negro, pero cuando llega la patrulla, el taxista ya no está. Mientras tanto, desde la comisaría de la Guardia Urbana del Eixample, el agente Enrique Cano busca cualquier información sobre el infractor. Los datos se han difundido por radio a toda velocidad. Se imparten las órdenes. Cualquier agente que se tope con él, que detenga el vehículo.
Mientras unos ruedan sobre el asfalto, Cano rastrea desde el ordenador de su mesa en todos los archivos y da con un teléfono. Es el móvil del conductor, el propietario del taxi, de 42 años. No se puede perder tiempo. Marca los nueve números esperando que dé señal, que contesten. Los tonos suenan. Los segundos se alargan. Una voz resbaladiza atiende la llamada. El ruido de la circulación se escucha de fondo.
"Le identifiqué. Quise confirmar que hablaba con quien debía.
Su tono delataba su estado. Confirmé domicilio y otros datos. Era él", recuerda el agente. "Le habla la Guardia Urbana, esté donde esté, detenga el taxi ahora mismo". El taxista está confundido. Tarda un poco en contestar al requerimiento del agente. Su cabeza trata de decodificar el mensaje y lo que ocurre.
- Voy conduciendo por la Via Augusta.
- ¿A qué altura?
- Por Gal · la Placídia.
- Deténgase.
- Ya lo he hecho.
Consciente de que en cualquier momento el conductor puede arrancar, Cano le entretiene. Nueva batería de preguntas. Mientras, avisa por radio de que el taxista se ha parado y que se encuentra en Gala Placidia. La patrulla no tarda en llegar. El taxi señalado está allí. Efectivamente, parado y el chófer habla por teléfono. En el auricular resuena la voz del guardia Cano. Al conductor le falla el equilibrio al apearse. Los agentes le practican tres veces la prueba de alcoholemia. El resultado más bajo es de 0,96, cuando la tasa máxima permitida para un chófer de transporte público es de 0,15. Queda inmediatamente detenido. Los agentes registran el taxi y encuentran también cierta cantidad de hachís.
La retirada temporal del carnet está asegurada y su licencia pende ahora de un hilo.
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Esté donde esté, detenga el taxi ahora
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Re: Esté donde esté, detenga el taxi ahora
Para cagarse y no manchar!!!
Lastima que por cada relato propagandístico de la guardia urbana como este, en plan "mirad lo eficientes que somos...", se podrían contar a miles, de multas y actitudes de abuso de autoridad y fuerza desmesurada.
Lastima que por cada relato propagandístico de la guardia urbana como este, en plan "mirad lo eficientes que somos...", se podrían contar a miles, de multas y actitudes de abuso de autoridad y fuerza desmesurada.
Si los que hablan mal de mi supieran lo que yo pienso de ellos, hablarian peor.
Las religiones, como las luciérnagas, necesitan de la oscuridad para brillar.
Arthur Schopenhauer
Chico ye ye!!
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