Llegar hasta el centro de Londres en coche privado requiere pagar un peaje. Aparcar también cuesta lo suyo. Pero ahora todo esto puede salir todavía mucho más caro debido a un edificio "incendiario" de automóviles.

Desde que Arquímedes defendiera Siracusa del asedio romano, utilizando espejos parabólicos de bronce pulido para incendiar sus galeras, no se había visto nada igual. O esto es lo que debió de pensar el cabreado propietario de un flamante Jaguar XJ cuando salía de trabajar en la city y encontrárselo medio churruscado.
Para su asombro, ni se lo había rayado algún cretino ni algún pajarito le había dejado un recuerdo. ¡La parte trasera de su lujosa berlina estaba derretida!
El fenómeno no es nuevo entre los ejecutivos y empleados que acuden a diario al barrio financiero de la capital bitánica. Su origen parece ser el rascacielos de Fenchurch Street número 20, apodado entre los locales "Walkie Talkie", una mole de 160 metros de fachadas cóncavas, recubierto de vidrio y a tiro de piedra del Tamesis.
Los arquitectos del rascacielos recientemente puesto edificado están buscando la raíz del problema, seguramente consistente en sus grandes superficies reflectantes que concentran la luz del sol en lugares muy concretos a horas determinadas.

Y es que las quejas ya han sido varias entre los usuarios del parking cercano, que ya ha inhabilitado una serie de plazas en la zona donde se han registrado los daños a los vehículos. Eddie Cannon, por ejemplo, se quejaba en el periódico local City A.M. de que se había encontrado su furgoneta seriamente dañada, con un panel entero del lado derecho y el salpicadero fundidos como si fueran mantequilla.
Los automóviles no parecen ser los únicos damnificados, ya que el responsable de una empresa de recubrimientos ha denunciado también que numerosas losas y cubiertas que se encuentran en las proximidades del "rascacielos incendiario"se han deformado a causa del calor concentrado.

