Al final hubo menos resistencia de la que esperábamos. Mi tía, ante la elección de meterse en la ducha con mi hermana por las buenas o que la metiésemos entre los dos por las malas, optó por la primera opción. Ahora está haciéndose la víctima y elevando gritos al cielo de la mala vejez que le están dando sus sobrinos, enviados por el demonio para atormentarla a falta de los hijos que no le mandó Dios.
¡Ay, Señor..., qué nos quedará por pasar... !

