Leed el texto, para entenderlo mejor.
Cazadores de ballenas de Lembata - Indonesia.
> Entre marzo y octubre, los pescadores de la aldea de Lamalera, situada en la isla indonesia de Lembata, se preparan para recibir el paso migratorio de las ballenas. Su caza, tolerada por las autoridades del país y organismos de protección de la naturaleza, se realiza al modo tradicional: en pequeñas barcas de madera y con arpón. Es la pesca de subsistencia.
> De repente, los hombres se ponen de pie y ponen las manos a modo de visera.
> Otean nerviosos el horizonte en busca de una leve señal. Pronto uno de ellos emite un leve sonido, casi imperceptible, como una pregunta al aire:
> “¿Paus?†(¿ballena?). Es apenas un susurro que, inmediatamente, se convierte en un grito de alegría. El frenesí invade la barca: “¡Paus! ¡Paus! ¡Paus!â€.
> Los hombres hacen señales a los otros botes e izan una camisa blanca a modo de bandera en uno de los arpones para que la vean desde la aldea. Es la señal. Un año más han regresado las ballenas.
> Según cuenta la tradición oral, la historia de Lamalera, pequeña aldea situada en la isla indonesia de Lembata, comenzó a principios del siglo XV, cuando pobladores de la zona empezaron a cazar ballenas en el mar de Sawu, un profundo canal repleto de vida marina que es utilizado como vía migratoria por los cachalotes (Physeter macrocephalus): koteklema o paus en lenguaje nativo. Es el carnívoro más grande de la Tierra, con dimensiones que llegan a superar los 20 metros de longitud y las 36 toneladas de peso.
> Los primeros habitantes de Lamalera llegaron de Sulawesi después de que un gran tsunami destruyera sus casas. Se instalaron en lo que hoy es la aldea vecina de Ulandoni, y posteriormente en la ubicación actual.
> La aldea, un conjunto de pequeñas casas salpicadas sobre la ladera de una montaña, está situada sobre una pequeña playa. Allí, bajo cobertizos cubiertos con hojas de palma, se apretujan las embarcaciones con las que sus habitantes se enfrentan al mar. Todos sus habitantes, unos 2.000 individuos, son de religión católica (en un país de mayoría musulmana) y viven exclusivamente de la pesca. Cada domingo, día de descanso en la aldea, todo el poblado y mucha gente llegada de la aldeas vecinas, acuden a la gran iglesia situada en la parte alta del pueblo. Engalanados para la ocasión, todos visten sarong, una pieza larga de tejido que se ciñe a la cintura. Los de las mujeres se llaman kefatek y están hechos a mano por ellas mismas con la tradicional técnica ikat, término que procede de la palabra malaya mengikat (atar), que es conocida por ser uno de los métodos de teñir tejidos más complejos del mundo. Los sarong masculinos se llaman nofi, y están confeccionados con telas más finas y sobrias.
> La lucha con la gran ballena
> La aldea está dividida en doce clanes. Cada uno de ellos tiene sus propias leyes y reglas y su propia embarcación, llamadas tena. Miden aproximadamente unos diez metros de eslora y tienen capacidad para entre diez y doce pescadores. Según las creencias de estos pescadores ancestrales, cada tena tiene un espíritu propio. Por eso, cuando una embarcación es hundida en su lucha con la gran ballena, toda la aldea guarda un largo periodo de luto, y en señal de respeto ninguna otra sale al mar. En el hipotético caso de que la nave resultara solamente dañada, los aldeanos recurrirían al mismo carpintero que en su día la construyó; él y sólo él podrá repararla. Hoy viven en Lamalera seis de estos reconocidos artesanos.
> Las embarcaciones tenas están construidas en su totalidad con madera, sin utilizar para ello ni un solo clavo de hierro o acero. Las velas están realizadas con hoja de palma. Durante la caza de ballenas, los pescadores de Lamalera no utilizan motor de ningún tipo salvo el empuje de sus brazos. Mantienen así la manera tradicional de pesca, razón por la que todavía hoy les está permitido continuar con las capturas.
> Sus métodos nada tienen que ver, ni cualitativa ni cuantitativamente, con la pesca industrial que llevan a cabo los grandes buques balleneros de Japón o Noruega. Según Sebastián Losada, responsable de la campaña de océanos de Greenpeace, esta organización no censura la caza aborigen de ballenas.
> “Nuestra oposición va dirigida a la caza comercial, no a la de subsistenciaâ€, señala este experto.
Aunque los cachalotes se encuentran en peligro de extinción, la caza que realizan los habitantes de Lamalera está todavía permitida tanto por las autoridades indonesias como por los organismos de conservación y protección de la naturaleza. De hecho, WWF-Indonesia, el gobierno indonesio y diversas ONGs trabajan juntos para tratar de convertir el mar de Sawu en un área marina protegida. Su principal
problema radica en encontrar el equilibrio entre la conservación del entorno y la supervivencia de esta
cultura única en un mundo donde los ecosistemas marinos están desapareciendo drásticamente.














Vss.
Pd: Os añado otra que no ha salido antes.


