Un complejo código de colores identifica con asombrosa precisión a los conductores que circulan por Cuba. El sistema forma parte de los rigurosos mecanismos de control de un país que sigue considerándose en guerra, aunque sea fría, con "el imperio"
Matrícula blanca, poder político. Matrícula verde, cuerpo armado. Matrícula amarilla, cubano con recursos. Matrícula naranja, dinero extranjero... En Cuba, un vistazo a la placa de tu coche basta para saber lo esencial de quién eres y qué haces; si eres nativo o foráneo y a qué te dedicas. Lo dicen el color y códigos de las chapas con una precisión única. Tanta información condiciona las relaciones cuando hay un carro de por medio. El afán sancionador de la policía y la crisis del transporte, con el consiguiente recurso constante al autostop, aumentan la importancia de la matrícula.
Como tantas veces, una de las mujeres apostadas junto a un semáforo de la Quinta Avenida aprovecha la luz roja que nos ha frenado para venir hacia nuestro coche y golpear con los nudillos la ventanilla. El carro es modesto pero está nuevo y, sobre todo, lleva matrícula naranja. Este color, junto con la K tras la inicial de la provincia identifica a un técnico extranjero.Sin K pero con una pegatina con el rótulo "P. Ext.", como en nuestro caso, se trata de un periodista de fuera. Y si es naranja pero sin K ni pegatina, de un miembro de alguna iglesia.
Yanet, la pasajera a la que aceptamos llevar, nos confirma el móvil de su rápida elección: "¡Pues claro que una se fija en la chapa. Imagínese: con sólo ver una como esta, ya una sabe que es un carro con todas las condiciones. Y con el calor que hace...!". La matrícula, añade, es lo primero que mira siempre; también al coche y, claro, "al tipo", no vaya a tener mala pinta; pero ante todo la chapa, que es lo más inequívoco.
De no haber visto una placa naranja, Yanet lo habría intentado con alguna del azul que distingue a los vehículos de las empresas estatales. Los cubanos creen que estos coches "deben cogerte". "Y ahí no tiene que haber ningún tipo de problema", como tampoco con una chapa marrón de "funcionario autorizado" o cuadro medio, y menos con las de verde claro (ejército) u oliva (Interior). Con los particulares - amarillo-, todo es más incierto y "a veces te piden dinero sin ser taxistas". En cuanto al negro de diplomático y el blanco de ministro o alto dirigente, "ni se intenta".
Todo este arco iris de la matriculación no es mera anécdota cosa de capricho. Forma parte de los estrictos mecanismos de control de un país que sigue considerándose en guerra con "el imperio". La cuidadosa identificación del carro no es más que la extensión de la que se hace de su propietario. Los que venimos de fuera no podemos hacer trámite alguno al margen de la entidad ministerial que tramitó nuestra residencia y a la que estamos adscritos. "¿A qué organismo pertenece?", pregunta siempre el funcionario o empleado. Como nos dijo un colega al llegar, "en Cuba no eres nadie si no tienes un ministerio detrás" (turistas al margen).
El colorido sistema que registra y delata a cada automovilista también refleja la evolución del país. Hasta hace tres meses, una matrícula granate de las que se asignan a los coches de alquiler sólo podía corresponder a un turista, un extranjero residente en Cuba o un cubano residente en el extranjero de visita familiar en la isla. Pero en abril Raúl Castro levantó la prohibición de alquilar carros - y alojarse en hoteles turísticos- que regía para los cubanos de dentro. Desde entonces, el granate dice mucho menos.
En Cuba las matrículas dicen mucho del conductor, pero también de Cuba misma.
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Matrículas que hablan
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